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jueves, 24 de abril de 2014

VIGILIA PASCUAL 2014 EN NUESTRA PARROQUIA

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VIERNES SANTO 2014 EN NUESTRA PARROQUIA

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VIA CRUCIS VIVIENTE 2014 EN NUESTRA PARROQUIA

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JUEVES SANTO 2014 EN NUESTRA PARROQUIA

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CENTENARIO DEL BEATO BROCHERO

Oportet Illum regnare!

martes, 15 de abril de 2014

RENOVACION DE VOTOS TEMPORALES DEL HERMANO PABLO CR

El miércoles 2 de abril hizo la renovación de sus votos religiosos de
pobreza, castidad y obediencia el Hermano Pablo Torres CR, hermano
coadjutor del Instituto Cristo Rey. Presidió la Santa Misa el P. Miguel
Angel Russo, delegado episcopal para la vida consagrada de la diócesis,
y recibió los votos el P. Diego Crisafulli CR, superior de la comunidad
religiosa en san Luis.


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viernes, 11 de abril de 2014

CONVIVENCIA-TALLER PARA LA FAMILIA "JUAN PABLO II"

Queridas Familias y Amigos:

Queremos invitarlos a la Segunda Convivencia - Taller. En esta ocasión
se llevará a cabo en el marco de la Preparación para la Semana Santa en
la Parroquia Maria Auxiliadora.
Día: sábado 12 de abril
19 hs: Santa Misa
20,15 hs: Via Crucis Viviente
22,00 hs. Cena a la Canasta
22,45 hs. Niños: proyección película. Adultos: Presentación del taller y
finalidad.
Tema: "Desde la familia construyamos un mundo bueno"

*Las próximas convivencias se continuarán realizando todos los segundos
sábados de mes, en el salón de la Asociación Bioquímicos cito en calle
Ituzaingo 620, a las 20 hs.

Recuerden que lo relacionado a la cena tenemos que llevarlo
particularmente (vasos, platos, bebida, comida, etc)

*Los esperamos para compartir este espacio que nos permitirá ir
descubriendo lazos de amistad, unión y conocimiento de los temas
fundamentales del matrimonio y los hijos, creciendo en valores firmes.
Participemos a nuestras familias y amigos de este momento, para que
juntos podamos enriquecernos. Para cualquier consulta mi celular es 2664
632043.
Les envío un afectuoso saludo. Maria Victoria

lunes, 7 de abril de 2014

MENSAJE DEL SANTO PADRE PARA LA JORNADA MUNDIAL DE LA JUVENTUD - DOMINGO DE RAMOS 2014

MENSAJE DEL SANTO PADRE FRANCISCO
PARA LA XXIX JORNADA MUNDIAL DE LA JUVENTUD
2014

«Bienaventurados los pobres de espíritu,
porque de ellos es el reino de los cielos» (
Mt 5,3)

 

Queridos jóvenes:

Tengo grabado en mi memoria el extraordinario encuentro que vivimos en Río de Janeiro, en la XXVIII Jornada Mundial de la Juventud. ¡Fue una gran fiesta de la fe y de la fraternidad! La buena gente brasileña nos acogió con los brazos abiertos, como la imagen de Cristo Redentor que desde lo alto del Corcovado domina el magnífico panorama de la playa de Copacabana. A orillas del mar, Jesús renovó su llamada a cada uno de nosotros para que nos convirtamos en sus discípulos misioneros, lo descubramos como el tesoro más precioso de nuestra vida y compartamos esta riqueza con los demás, los que están cerca y los que están lejos, hasta las extremas periferias geográficas y existenciales de nuestro tiempo.

La próxima etapa de la peregrinación intercontinental de los jóvenes será Cracovia, en 2016. Para marcar nuestro camino, quisiera reflexionar con vosotros en los próximos tres años sobre las Bienaventuranzas que leemos en el Evangelio de San Mateo (5,1-12). Este año comenzaremos meditando la primera de ellas: «Bienaventurados los pobres de espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos» (Mt 5,3); el año 2015: «Bienaventurados los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios» (Mt 5,8); y por último, en el año 2016 el tema será: «Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia» (Mt 5,7).

1. La fuerza revolucionaria de las Bienaventuranzas

Siempre nos hace bien leer y meditar las Bienaventuranzas. Jesús las proclamó en su primera gran predicación, a orillas del lago de Galilea. Había un gentío tan grande, que subió a un monte para enseñar a sus discípulos; por eso, esa predicación se llama el “sermón de la montaña”. En la Biblia, el monte es el lugar donde Dios se revela, y Jesús, predicando desde el monte, se presenta como maestro divino, como un nuevo Moisés. Y ¿qué enseña? Jesús enseña el camino de la vida, el camino que Él mismo recorre, es más, que Él mismo es, y lo propone como camino para la verdadera felicidad. En toda su vida, desde el nacimiento en la gruta de Belén hasta la muerte en la cruz y la resurrección, Jesús encarnó las Bienaventuranzas. Todas las promesas del Reino de Dios se han cumplido en Él.

Al proclamar las Bienaventuranzas, Jesús nos invita a seguirle, a recorrer con Él el camino del amor, el único que lleva a la vida eterna. No es un camino fácil, pero el Señor nos asegura su gracia y nunca nos deja solos. Pobreza, aflicciones, humillaciones, lucha por la justicia, cansancios en la conversión cotidiana, dificultades para vivir la llamada a la santidad, persecuciones y otros muchos desafíos están presentes en nuestra vida. Pero, si abrimos la puerta a Jesús, si dejamos que Él esté en nuestra vida, si compartimos con Él las alegrías y los sufrimientos, experimentaremos una paz y una alegría que sólo Dios, amor infinito, puede dar.

Las Bienaventuranzas de Jesús son portadoras de una novedad revolucionaria, de un modelo de felicidad opuesto al que habitualmente nos comunican los medios de comunicación, la opinión dominante. Para la mentalidad mundana, es un escándalo que Dios haya venido para hacerse uno de nosotros, que haya muerto en una cruz. En la lógica de este mundo, los que Jesús proclama bienaventurados son considerados “perdedores”, débiles. En cambio, son exaltados el éxito a toda costa, el bienestar, la arrogancia del poder, la afirmación de sí mismo en perjuicio de los demás.

Queridos jóvenes, Jesús nos pide que respondamos a su propuesta de vida, que decidamos cuál es el camino que queremos recorrer para llegar a la verdadera alegría. Se trata de un gran desafío para la fe. Jesús no tuvo miedo de preguntar a sus discípulos si querían seguirle de verdad o si preferían irse por otros caminos (cf. Jn 6,67). Y Simón, llamado Pedro, tuvo el valor de contestar: «Señor, ¿a quién vamos a acudir? Tú tienes palabras de vida eterna» (Jn 6,68). Si sabéis decir “sí” a Jesús, entonces vuestra vida joven se llenará de significado y será fecunda.

2. El valor de ser felices

Pero, ¿qué significa “bienaventurados” (en griego makarioi)? Bienaventurados quiere decir felices. Decidme: ¿Buscáis de verdad la felicidad? En una época en que tantas apariencias de felicidad nos atraen, corremos el riesgo de contentarnos con poco, de tener una idea de la vida “en pequeño”. ¡Aspirad, en cambio, a cosas grandes! ¡Ensanchad vuestros corazones! Como decía el beato Piergiorgio Frassati: «Vivir sin una fe, sin un patrimonio que defender, y sin sostener, en una lucha continua, la verdad, no es vivir, sino ir tirando. Jamás debemos ir tirando, sino vivir» (Carta a I. Bonini, 27 de febrero de 1925). En el día de la beatificación de Piergiorgio Frassati, el 20 de mayo de 1990, Juan Pablo II lo llamó «hombre de las Bienaventuranzas» (Homilía en la S. Misa: AAS 82 [1990], 1518).

Si de verdad dejáis emerger las aspiraciones más profundas de vuestro corazón, os daréis cuenta de que en vosotros hay un deseo inextinguible de felicidad, y esto os permitirá desenmascarar y rechazar tantas ofertas “a bajo precio” que encontráis a vuestro alrededor. Cuando buscamos el éxito, el placer, el poseer en modo egoísta y los convertimos en ídolos, podemos experimentar también momentos de embriaguez, un falso sentimiento de satisfacción, pero al final nos hacemos esclavos, nunca estamos satisfechos, y sentimos la necesidad de buscar cada vez más. Es muy triste ver a una juventud “harta”, pero débil.

San Juan, al escribir a los jóvenes, decía: «Sois fuertes y la palabra de Dios permanece en vosotros, y habéis vencido al Maligno» (1 Jn 2,14). Los jóvenes que escogen a Jesús son fuertes, se alimentan de su Palabra y no se “atiborran” de otras cosas. Atreveos a ir contracorriente. Sed capaces de buscar la verdadera felicidad. Decid no a la cultura de lo provisional, de la superficialidad y del usar y tirar, que no os considera capaces de asumir responsabilidades y de afrontar los grandes desafíos de la vida.

3. Bienaventurados los pobres de espíritu…

La primera Bienaventuranza, tema de la próxima Jornada Mundial de la Juventud, declara felices a los pobres de espíritu, porque a ellos pertenece el Reino de los cielos. En un tiempo en el que tantas personas sufren a causa de la crisis económica, poner la pobreza al lado de la felicidad puede parecer algo fuera de lugar. ¿En qué sentido podemos hablar de la pobreza como una bendición?

En primer lugar, intentemos comprender lo que significa «pobres de espíritu». Cuando el Hijo de Dios se hizo hombre, eligió un camino de pobreza, de humillación. Como dice San Pablo en la Carta a los Filipenses: «Tened entre vosotros los sentimientos propios de Cristo Jesús. El cual, siendo de condición divina, no retuvo ávidamente el ser igual a Dios; al contrario, se despojó de sí mismo tomando la condición de esclavo, hecho semejante a los hombres» (2,5-7). Jesús es Dios que se despoja de su gloria. Aquí vemos la elección de la pobreza por parte de Dios: siendo rico, se hizo pobre para enriquecernos con su pobreza (cf. 2 Cor 8,9). Es el misterio que contemplamos en el belén, viendo al Hijo de Dios en un pesebre, y después en una cruz, donde la humillación llega hasta el final.

El adjetivo griego ptochós (pobre) no sólo tiene un significado material, sino que quiere decir “mendigo”. Está ligado al concepto judío de anawim, los “pobres de Yahvé”, que evoca humildad, conciencia de los propios límites, de la propia condición existencial de pobreza. Los anawim se fían del Señor, saben que dependen de Él.

Jesús, como entendió perfectamente santa Teresa del Niño Jesús, en su Encarnación se presenta como un mendigo, un necesitado en busca de amor. El Catecismo de la Iglesia Católica habla del hombre como un «mendigo de Dios» (n.º 2559) y nos dice que la oración es el encuentro de la sed de Dios con nuestra sed (n.º 2560).

San Francisco de Asís comprendió muy bien el secreto de la Bienaventuranza de los pobres de espíritu. De hecho, cuando Jesús le habló en la persona del leproso y en el Crucifijo, reconoció la grandeza de Dios y su propia condición de humildad. En la oración, el Poverello pasaba horas preguntando al Señor: «¿Quién eres tú? ¿Quién soy yo?». Se despojó de una vida acomodada y despreocupada para desposarse con la “Señora Pobreza”, para imitar a Jesús y seguir el Evangelio al pie de la letra. Francisco vivió inseparablemente la imitación de Cristo pobre y el amor a los pobres, como las dos caras de una misma moneda.

Vosotros me podríais preguntar: ¿Cómo podemos hacer que esta pobreza de espíritu se transforme en un estilo de vida, que se refleje concretamente en nuestra existencia? Os contesto con tres puntos.

Ante todo, intentad ser libres en relación con las cosas. El Señor nos llama a un estilo de vida evangélico de sobriedad, a no dejarnos llevar por la cultura del consumo. Se trata de buscar lo esencial, de aprender a despojarse de tantas cosas superfluas que nos ahogan. Desprendámonos de la codicia del tener, del dinero idolatrado y después derrochado. Pongamos a Jesús en primer lugar. Él nos puede liberar de las idolatrías que nos convierten en esclavos. ¡Fiaros de Dios, queridos jóvenes! Él nos conoce, nos ama y jamás se olvida de nosotros. Así como cuida de los lirios del campo (cfr. Mt 6,28), no permitirá que nos falte nada. También para superar la crisis económica hay que estar dispuestos a cambiar de estilo de vida, a evitar tanto derroche. Igual que se necesita valor para ser felices, también es necesario el valor para ser sobrios.

En segundo lugar, para vivir esta Bienaventuranza necesitamos la conversión en relación a los pobres. Tenemos que preocuparnos de ellos, ser sensibles a sus necesidades espirituales y materiales. A vosotros, jóvenes, os encomiendo en modo particular la tarea de volver a poner en el centro de la cultura humana la solidaridad. Ante las viejas y nuevas formas de pobreza –el desempleo, la emigración, los diversos tipos de dependencias–, tenemos el deber de estar atentos y vigilantes, venciendo la tentación de la indiferencia. Pensemos también en los que no se sienten amados, que no tienen esperanza en el futuro, que renuncian a comprometerse en la vida porque están desanimados, desilusionados, acobardados. Tenemos que aprender a estar con los pobres. No nos llenemos la boca con hermosas palabras sobre los pobres. Acerquémonos a ellos, mirémosles a los ojos, escuchémosles. Los pobres son para nosotros una ocasión concreta de encontrar al mismo Cristo, de tocar su carne que sufre.

Pero los pobres –y este es el tercer punto– no sólo son personas a las que les podemos dar algo. También ellos tienen algo que ofrecernos, que enseñarnos. ¡Tenemos tanto que aprender de la sabiduría de los pobres! Un santo del siglo XVIII, Benito José Labre, que dormía en las calles de Roma y vivía de las limosnas de la gente, se convirtió en consejero espiritual de muchas personas, entre las que figuraban nobles y prelados. En cierto sentido, los pobres son para nosotros como maestros. Nos enseñan que una persona no es valiosa por lo que posee, por lo que tiene en su cuenta en el banco. Un pobre, una persona que no tiene bienes materiales, mantiene siempre su dignidad. Los pobres pueden enseñarnos mucho, también sobre la humildad y la confianza en Dios. En la parábola del fariseo y el publicano (cf. Lc 18,9-14), Jesús presenta a este último como modelo porque es humilde y se considera pecador. También la viuda que echa dos pequeñas monedas en el tesoro del templo es un ejemplo de la generosidad de quien, aun teniendo poco o nada, da todo (cf. Lc 21,1-4).

4. … porque de ellos es el Reino de los cielos

El tema central en el Evangelio de Jesús es el Reino de Dios. Jesús es el Reino de Dios en persona, es el Emmanuel, Dios-con-nosotros. Es en el corazón del hombre donde el Reino, el señorío de Dios, se establece y crece. El Reino es al mismo tiempo don y promesa. Ya se nos ha dado en Jesús, pero aún debe cumplirse en plenitud. Por ello pedimos cada día al Padre: «Venga a nosotros tu reino».

Hay un profundo vínculo entre pobreza y evangelización, entre el tema de la pasada Jornada Mundial de la Juventud –«Id y haced discípulos a todos los pueblos» (Mt 28,19)– y el de este año: «Bienaventurados los pobres de espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos» (Mt 5,3). El Señor quiere una Iglesia pobre que evangelice a los pobres. Cuando Jesús envió a los Doce, les dijo: «No os procuréis en la faja oro, plata ni cobre; ni tampoco alforja para el camino; ni dos túnicas, ni sandalias, ni bastón; bien merece el obrero su sustento» (Mt 10,9-10). La pobreza evangélica es una condición fundamental para que el Reino de Dios se difunda. Las alegrías más hermosas y espontáneas que he visto en el transcurso de mi vida son las de personas pobres, que tienen poco a que aferrarse. La evangelización, en nuestro tiempo, sólo será posible por medio del contagio de la alegría.

Como hemos visto, la Bienaventuranza de los pobres de espíritu orienta nuestra relación con Dios, con los bienes materiales y con los pobres. Ante el ejemplo y las palabras de Jesús, nos damos cuenta de cuánta necesidad tenemos de conversión, de hacer que la lógica del ser más prevalezca sobre la del tener más. Los santos son los que más nos pueden ayudar a entender el significado profundo de las Bienaventuranzas. La canonización de Juan Pablo II el segundo Domingo de Pascua es, en este sentido, un acontecimiento que llena nuestro corazón de alegría. Él será el gran patrono de las JMJ, de las que fue iniciador y promotor. En la comunión de los santos seguirá siendo para todos vosotros un padre y un amigo.

El próximo mes de abril es también el trigésimo aniversario de la entrega de la Cruz del Jubileo de la Redención a los jóvenes. Precisamente a partir de ese acto simbólico de Juan Pablo II comenzó la gran peregrinación juvenil que, desde entonces, continúa a través de los cinco continentes. Muchos recuerdan las palabras con las que el Papa, el Domingo de Pascua de 1984, acompañó su gesto: «Queridos jóvenes, al clausurar el Año Santo, os confío el signo de este Año Jubilar: ¡la Cruz de Cristo! Llevadla por el mundo como signo del amor del Señor Jesús a la humanidad y anunciad a todos que sólo en Cristo muerto y resucitado hay salvación y redención».

Queridos jóvenes, el Magnificat, el cántico de María, pobre de espíritu, es también el canto de quien vive las Bienaventuranzas. La alegría del Evangelio brota de un corazón pobre, que sabe regocijarse y maravillarse por las obras de Dios, como el corazón de la Virgen, a quien todas las generaciones llaman “dichosa” (cf. Lc 1,48). Que Ella, la madre de los pobres y la estrella de la nueva evangelización, nos ayude a vivir el Evangelio, a encarnar las Bienaventuranzas en nuestra vida, a atrevernos a ser felices.

Vaticano, 21 de enero de 2014, Memoria de Santa Inés, Virgen y Mártir

FRANCISCO


© Copyright - Libreria Editrice Vaticana

jueves, 3 de abril de 2014

OTRO JESUITA EN LOS ALTARES

El padre Anchieta, hijo espiritual de San Ignacio de Loyola, ya es santo
El Papa Francisco lo ha canonizado mediante la firma de un decreto
CIUDAD DEL VATICANO, 03 de abril de 2014 (Zenit.org) - El papa Francisco ha firmado en la mañana de hoy, jueves 3 de abril, el decreto por el que quedará canonizado el jesuita José de Anchieta, conocido como el “Apóstol de Brasil”. La firma ha tenido lugar durante una audiencia con el cardenal Angelo Amato, prefecto de la Congregación para las Causas de los Santos. Esta canonización, al no estar fundada en un milagro reciente del beato, se  ha materializado mediante un procedimiento denominado "canonización equivalente".

Tanto la diócesis de Tenerife, España, (su lugar de nacimiento) como la de Sao Paulo esperaban que la firma tuviera lugar ayer, 2 de abril, y estaban previstas las celebraciones. Pero, finalmente el Santo Padre se ha reunido esta mañana con el cardenal Amato.

Para celebrar la canonización del beato repicarán las campanas de la Diócesis de Tenerife, exactamente a las 13:00 horas, según informó el obispado Nivariense.

En Brasil, llevan el nombre del padre Anchieta dos poblaciones, la principal avenida que atraviesa Sao Paulo, calles, hospitales, centros escolares, instituciones benéficas y culturales, etc. En varias plazas existen estatuas en su honor. Y aún hoy se conservan la escuela y la iglesia que construyó en Sao Paulo.

Además, la Iglesia romana de San Ignacio acogerá el próximo 24 de abril, a las 18 horas, la Misa de acción de gracias por la canonización del padre Anchieta. El Santo Padre presidirá esta solemne eucaristía en la que estará presente el obispo nivariense, monseñor Bernardo Álvarez, según se ha anunciado desde la diócesis del Tenerife pero aún no hay confirmación del Vaticano.

Reseña biográfica

José de Anchieta nació el 19 de marzo de 1534 en San Cristóbal de la Laguna, en la isla de Tenerife (España). Su padre, Juan de Anchieta, era un vasco originario de Urrestilla, Azpeitia, tierra de san Ignacio de Loyola, con cuya familia estaba emparentado. Su madre, Mencía Díaz de Clavijo, era natural de Las Palmas y descendiente de la nobleza canaria.

En 1548 José de Anchieta y su hermano partieron hacia Portugal para estudiar en la Universidad de Coímbra, regentada por la Compañía de Jesús y una de las más prestigiosas de la época. En 1550, el padre Simón Rodrígues SJ, provincial de Portugal y uno de los primeros compañeros de san Ignacio, lo admitió en la Compañía de Jesús. Anchieta, animado por la lectura de las Cartas que enviaba Francisco Javier desde la India, deseaba ser misionero.

Misionero en Brasil

Terminó el noviciado a los 19 años y, a pesar de sus problemas de salud, fue destinado a las misiones de Brasil. El 13 de julio de 1553 llegó al puerto de Bahía. Así comenzó su vida apostólica, extraordinaria e intensa, que desarrolló en gran parte junto al padre Manuel de Nóbrega SJ, provincial del Brasil, con quién compartió una profunda amistad. 

Su primer destino fue la Capitanía de San Vicente, donde vivían la mayor parte de los jesuitas de Brasil. Camino de San Vicente José vivió una de sus primeras aventuras. La embarcación en la que viajaba sufrió daños y tuvo que refugiarse en la costa. Establecieron contacto con los indígenas y, mientras duró la reparación de la nave, el joven jesuita aprovechó para aprender la lengua tupí. Aquellos días de obligada parada, mientras se acostumbraba a comer los productos del lugar, puso todas sus habilidades a disposición del aprendizaje de la lengua y las costumbres de los pobladores indígenas, algo que resultó ser fundamental para toda su labor en Brasil.

El 25 de enero de 1554 formó parte del grupo de portugueses que en Piratininga fundaron la actual ciudad metrópoli de Sao Paulo. Allí José de Anchieta construyó una maloca, una casa tradicional comunitaria destinada a ser centro misionero, que se convirtió en lugar de atención y asentamiento para los indígenas. Se les ofrecía instrucción en carpintería y artesanía, y los pequeños aprendían a leer y escribir. Por su parte, Anchieta aprendió de los indígenas técnicas curanderas, botánica y las propiedades de las plantas, que empezó a utilizar tanto para uso medicinal como para obtener fibras para fabricar alpargatas y piezas artesanales. También animó la construcción de casas de barro y ladrillo.

Poeta, escritor y lingüista

Rápidamente llegó a dominar la lengua indígena. Preparó la primera gramática de la lengua tupí, que sirvió para el aprendizaje de la misma por parte de sus compañeros y que constituyó una gran aportación, con la que se convirtió en “misionero de misioneros”. Anchieta fue también poeta y dramaturgo, y escribió en latín, español, portugués y tupí. Se le atribuye también la creación y traducción de tres catecismos y otras obras sobre la realidad del país y de los pueblos indígenas. La Academia Brasileña de Letras y el Instituto Histórico y Geográfico Brasileño le consideran entre las grandes figuras de la cultura de Brasil.

Mediador por la paz

En abril de 1563 emprendió, junto al provincial jesuita Manuel de Nóbrega, una expedición para preservar la paz con la federación de los indios tamoios. Nóbrega y Anchieta se internaron en terreno indio y se presentaron en Iperui, donde vivía el principal cacique tamoio: Caoquira. Lo vivido por los dos compañeros jesuitas en aquel tiempo entre los tamoios supuso toda una historia llena de esfuerzos de diálogo, peligros y amenazas, aprendizaje y santidad. Todos los intentos acabaron fracasando, pero Anchieta se llevó de su tiempo con los tamoios el Poema a la Virgen, escrito sobre la arena de la playa y memorizado por él mismo, y la admiración y amistad de algunos de los más importantes caciques. Fue el propio Cuñanbebe, uno de los más aguerridos jefes indígenas, el que lo devolvió a San Vicente después de varios meses de cautiverio.

Poco después se desplazó a la bahía de Guanabara donde los franceses, aliados con los tamoios, se hicieron fuertes contra los portugueses. Durante las batallas, Anchieta no paraba de atender a heridos de ambos bandos.

José de Anchieta se convirtió en un defensor de los derechos de los aborígenes y mestizos, y predicó contra las cacerías de indios y el mercado de esclavos. En 1566 fue ordenado sacerdote y volvió a Río donde ya se había fundado la misión de San Sebastián. Allí, junto a Nóbrega, que por entonces era un anciano, Anchieta fundó un colegio.

En 1577 fue nombrado provincial y, a lo largo de ocho años, recorrió repetidas veces el país. La atención y auxilio de enfermos y moribundos fue una de sus grandes preocupaciones. Siendo provincial envió a Paraguay a los primeros misioneros que formaron el núcleo original de la famosas Reducciones.

Murió el 9 de junio de 1597 en Reritinga, hoy ciudad Anchieta en su honor. El pueblo y la Iglesia en Brasil lo han considerado siempre como su gran evangelizador. El 22 de junio de 1980 fue beatificado por Juan Pablo II.

SEMANA SANTA EN NUESTRA PARROQUIA

“La Cruz de Jesús es la Palabra con la que Dios ha respondido al
mal del mundo. A veces nos parece que Dios no responde al mal,
que permanece en silencio.
En realidad Dios ha hablado, ha respondido, y su respuesta es la
Cruz de Cristo: una palabra que es amor, misericordia, perdón.”
Papa Francisco


MENSAJE DE NUESTRO PÁRROCO

Muy queridos Fieles:

Se acerca la gran Fiesta de la Pascua, en la que somos invitados arevivir el amor inmenso de Jesús por nosotros. Vivamos con fervor
todas las celebraciones de la Semana Santa, que nos ayudarán a
perdonar y pedir perdón en la Confesión, a ejercitarnos en la caridad yen la ayuda al prójimo, y a intensificar la oración y la participación en laIglesia.

Meditemos la Palabra de Dios, y preguntémonos "qué he hecho por Cristo, qué hago por Cristo, que he de hacer por Cristo" (San Ignacio).

Este año nuestra Diócesis celebra el 80º aniversario de su creación. El Obispo nos invita a una Misa de acción de gracias, el sábado 26 deabril a las 11 hs. en a Iglesia Catedral. Allí estará presente el NuncioApostólico, representante del Papa Francisco.

También este año celebramos los doscientos años de la institución de la Fiesta de María Auxiliadora, patrona de nuestra parroquia.

Aprovechemos todas estas gracias que nos regala Dios para fortalecernos espiritualmente, y así fortalecer a nuestras familias.

Siguiendo las recomendaciones del Papa Francisco, este año noshemos propuesto llegar con la catequesis y con la misión, a todos losbarrios y hogares de nuestra parroquia.

Les animo a que se sumen a las instituciones y actividades de laparroquia, y a colaborar con sus obras.

Que María Auxiliadora los proteja y los guarde en su Corazón.

P. Diego Crisafulli CR
San Luis, abril de 2014

HORARIOS DE LAS CELEBRACIONES

Sábado 12: Via crucis viviente – 20:00 hs. en el predio de la pquia.

SEMANA SANTA

Domingo 13 : Domingo de Ramos -Procesión y Santa Misa

10:30 hs. (Desde la ex base de colectivos en la Av.
Zoilo hasta el templo)
Miércoles 16: Misa Crismal -Iglesia Catedral -11:00hs.
No habrá Misa en la pquia.

TRIDUO PASCUAL

Jueves 17: Misa Vespertina de la Cena del Señor – 20:00 hs.

* Traslado del santísimo al monumento
* Adoración hasta las 08:00 hs.
* Confesiones: de 18:00 a 20:00 hs.

Viernes 18: Celebración de la Pasión del Señor -15:00 hs.

* Via crucis (concluida la celebración)
* Predicación de las 7 palabras -19:00 hs.
* Confesiones: de 18:00 a 20:00 hs.

Sábado 19: Santa Misa de la Vigilia de Pascua de Resurrección - 20:00 hs.
* Confesiones: de 18:00 a 20:00 hs.

Domingo 20: Santa Misa de Pascua:

* 9:00 hs.
* 11:00 hs.
* 19:00 hs.
Ágape a la canasta con la comunidad parroquial, concluida la Misa de 11:00 hs.